domingo, 22 de enero de 2012

22 Enero, 2012.





"El neocolonialismo es el control indirecto que ejercen las antiguas potencias coloniales sobre sus antiguas colonias o, en sentido amplio, los estados hegemónicos sobre los subdesarrollados. Estos países no disfrutan de una independencia plena, sino que están sometidos a los dictados culturales, políticos linguísticos y, especialmente, económicos, de otro"

Según esta definición, y aplicándola a un caso concreto -España, o lo que quiera entenderse política, histórica y culturalmente como tal-, me temo que no cabe otra opción que considerar que España no es un "Estado hegemónico", y si no es un "Estado hegemónico" no cabe otra opción que considerarlo como un "Estado subalterno" a las directrices de otros Estados -Francia, Alemania, China, Inglaterra, Usa- que, a su vez, reproducen relaciones de dominación y subalternidad entre ellos, haciendo severos esfuerzos por conservar una relativa soberanía e independencia con respecto al gran mercado.

Bien, mi perplejidad es la siguiente : este Estado subalterno, sin apenas soberanía y semi-periférico llamado España, dispone de una arquitectura institucional caótica en la que todas las decisiones en materia de política educativa, linguística, cultural, económica, fiscal, tecno-científica, industrial... etc, no sólo emanan de arriba a abajo sino que, además, no tienen un "centro vertebrador", un "horizonte común". Por si esto no fuese suficiente, además, reproduce una constante lucha centro-periférica por remarcar centros geográficos de soberanía unilateralmente, utilizando sus alteridades históricas, linguísticas y culturales -sus comunidades imaginadas, en palabras de Benedict Anderson- para ello. 

En esta constante lucha geo-estratégica interna en el propio Estado español, en la que la "hispanidad" oficial no es más que un discurso folklórico que, interesadamente, suele instrumentalizar el social-liberalismo del PSOE y el nacional-catolicismo ultra-liberal del PP -cuyos aparatos de comunicación desplazan, también, hacia las periferias, esa "hispanidad" castiza y esencialista, así como el discurso de lo "esencialmente" catalán, gallego, vasco.. etc, para hacer merchandising electoral con el discurso identitario, y que mimetizan, como reacción a la españolidad, los nacionalismos periféricos-, no existen buenos y malos, lo que existen son constantes luchas de poder centro-periféricas entre castas y familias políticas incapaces de construir sus comunidades imaginadas sin cosificarlas estáticamente, subiendo de las partes a un todo que las integra.

Castas y familias que, a su vez, son reacias a construir un estado federal de soberanías corresponsables, así como comunidades imaginadas "mestizas" e incluyentes, tanto hacia dentro como hacia fuera, y modelos de desarollo local que no imiten los mismos parámetros axiológicos y prácticos del "development" entendido en clave liberal-capitalista. 

En política, como en literatura, la imaginación cuenta. En toda creación humana -y nada lo es más que la política y el arte- es necesari la imaginación. Sin ese ingrediente, no hay horizonte ético ni estético que merezca la pena empezar a caminarse. 




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